En medio de la creciente tensión geopolítica en torno a la inteligencia artificial, NVIDIA se encuentra en una encrucijada crucial respecto a la producción de su GPU H200. La demanda “muy fuerte” desde China ha provocado que la compañía considere ampliar significativamente su capacidad de fabricación, ya que el nivel de salida actual ya no satisface las necesidades del mercado chino. Este movimiento, adelantado por Reuters, llega en un momento en que la firma concentra su atención en las generaciones Blackwell y Rubin, y en un contexto donde la capacidad avanzada de fabricación y empaquetado se disputa con dureza a nivel global.
El factor decisivo en esta situación se encuentra en Washington. Según informes, el expresidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos permitiría la exportación de la H200 a China, pero imponiendo un impuesto del 25% sobre esas ventas. Sin embargo, no hay certeza de que Pekín apruebe oficialmente estas compras; varias reuniones de urgencia están en curso para decidir si se autoriza la entrada de estos poderosos chips en el mercado chino. La clave es que la exportación está condicionada, generando una serie de dilemas para ambas partes.
La GPU H200, perteneciente a la familia Hopper, entró en despliegue masivo en 2022 y se fabrica en TSMC a 4 nanómetros. Este detalle es importante porque conecta la producción a las mismas líneas avanzadas que actualmente están en disputa entre gigantes del sector. La razón por la cual China tiene un interés prioritario en esta GPU radica en su potencia: es, con diferencia, el chip más potente al que pueden aspirar actualmente en el ecosistema global. Reuters indica que la H200 tiene aproximadamente seis veces la capacidad de cómputo de la GPU H20, una versión recortada diseñada específicamente para el mercado chino y lanzada a finales de 2023. Esta diferencia sustancial ubica a muchas empresas chinas, como Alibaba y ByteDance, en una disyuntiva: esperar a que el ecosistema local alcance esas prestaciones o comprar hardware extranjero con la esperanza de que las restricciones regulatorias cambien en el futuro cercano.
No obstante, ampliar la producción de la H200 presenta complicaciones técnicas y estratégicas. Actualmente, las cantidades disponibles son limitadas, ya que NVIDIA prioriza la fabricación de Blackwell y Rubin en TSMC. Para satisfacer la demanda china en volumen, requiere no solo voluntad comercial sino también una mayor capacidad industrial, la cual está en manos de TSMC. Esta situación se complica aún más porque la capacidad avanzada en TSMC es altamente disputada, no solo por NVIDIA, sino también por otros actores como Google (Alphabet). La competencia por estas líneas de producción limita las opciones para aumentar significativamente la fabricación en corto plazo.
NVIDIA ha tratado de tranquilizar a sus socios globales, asegurando que están gestionando la cadena de suministro para que las ventas licenciadas a China no perjudiquen la capacidad de atender a clientes en Estados Unidos u otras regiones. Sin embargo, la realidad de la capacidad limitada de TSMC y la alta competencia en el sector sugiere que, incluso con buenas intenciones, la disponibilidad futura de GPUs de alta gama será un desafío.
Otra dimensión importante en este escenario es el enfoque estratégico de Pekín. Mientras requiere chips potentes, también ha promovido una agenda de sustitución tecnológica y fortalecimiento del hardware nacional. La entrada de la H200 en China podría, paradójicamente, frenar el crecimiento de los fabricantes domésticos si los clientes optan por los chips importados, que aún superan en rendimiento a las alternativas nacionales. En respuestas a esta paradoja, se ha propuesto vincular las compras de H200 a un ratio de adquisición de chips nacionales, como una forma de equilibrar la dependencia del hardware extranjero con el impulso a la industria local.
Este escenario revela cuánto ha evolucionado la IA en la estructura de poder global: de ser un producto a convertirse en infraestructura estratégica. La capacidad de fundiciones como TSMC, las restricciones regulatorias y las decisiones de mercado están influenciando directamente en los precios, los plazos de entrega y la competitividad internacional. En definitiva, el control de la producción de GPUs avanzadas no solo tiene que ver con la tecnología, sino con la dinámica geopolítica que configura el futuro de la inteligencia artificial y la economía digital global.
