Waarom blijft de wereldwijde kapitaalmarkt datacenters kopen

Los centros de datos han dejado de ser una inversión exclusiva para operadores tecnológicos, convirtiéndose en una tendencia global que atrae a fondos de infraestructura, aseguradoras, fondos de pensiones, vehículos inmobiliarios, capital privado y fondos soberanos. Estas entidades incrementan su exposición a través de adquisiciones, joint ventures, ampliaciones de capital y financiamiento de nuevos campus. El interés no solo responde a la explosión de la inteligencia artificial, sino que refleja la expectativa de que la demanda de computación, almacenamiento y conectividad seguirá creciendo durante décadas.

Las claves de la inversión en centros de datos en 30 segundos

  • El 95 % de los inversores consultados por CBRE en 2025 prevé aumentar su exposición al sector.
  • JLL estima que se necesitarán unos 3 billones de dólares para agregar cerca de 100 GW de capacidad global hasta 2030.
  • El crecimiento impulsado por IA acelera la demanda, pero también la empujan el cloud, la digitalización empresarial y el consumo de datos.
  • Los grandes fondos prefieren plataformas con suelo, energía, clientes y capacidad de expansión.
  • El riesgo ya no solo está en obtener capital: también en asegurar electricidad, permisos, equipos y contratos que justifiquen inversiones cada vez mayores.

El cambio en el lenguaje utilizado por inversores refleja esta evolución: los centros de datos ya no se ven únicamente como inmuebles técnicos, sino como una combinación de infraestructura digital, activo energético y plataforma operativa. Aunque la edificación mantiene su importancia, su valor está cada vez más ligado a la potencia disponible, la conexión a la red eléctrica, la fibra óptica, las licencias y la capacidad para integrar nuevas generaciones de hardware.

Una necesidad de capital difícil de cubrir solo con operadores

La escala proyectada explica gran parte del flujo de inversión institucional. Según JLL, la capacidad mundial de centros de datos podría casi duplicarse hasta aproximarse a 200 GW en 2030. Este crecimiento exigirá alrededor de 3 billones de dólares de inversión, generará unos 1,2 billones en nuevos activos inmobiliarios y requerirá aproximadamente 870.000 millones de dólares en nueva financiación mediante deuda.

El coste de construcción tampoco se mantiene estable. Entre 2020 y 2025, el coste medio global pasó de 7,7 a 10,7 millones de dólares por megavatio, según JLL. Para 2026, la consultora prevé un aumento adicional del 6 %, alcanzando unos 11,3 millones de dólares por MW. Estas cifras, aunque promedios, varían mucho según país, suelo, energía, refrigeración y tipo de instalación, lo que explica por qué un gran campus puede requerir varios miles de millones antes de generar ingresos.

Los operadores especializados difícilmente pueden financiar en solitario toda esa expansión. Por ello, recurren a fondos, socios energéticos, deuda estructurada y vehículos compartidos. Los inversores aportan capital con visión a largo plazo y capacidad financiera; los operadores, experiencia técnica, clientes y gestión diaria.

La relación no siempre implica comprar una empresa completa; puede adoptar formas de participación minoritaria, sociedades para desarrollar varios campus o recapitalizaciones que permitan al propietario original recuperar parte de la inversión y seguir creciendo.

Una demanda impulsada por más que solo la IA

Aunque la inteligencia artificial acapara titulares, no es la única razón del atractivo financiero de los centros de datos.

El cloud público y privado, el comercio electrónico, las plataformas de vídeo, la ciberseguridad, las aplicaciones empresariales, el Internet de las cosas y la digitalización de administraciones e industrias ya impulsaban la demanda antes del auge de la IA generativa. Los clústeres de GPU han acelerado este proceso, al introducir cargas con mayor densidad energética y necesidades de red superiores.

La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico mundial de centros de datos podría pasar de unos 485 TWh en 2025 a cerca de 950 TWh en 2030. Las instalaciones centradas en IA crecerían más rápido y podrían triplicar su consumo en ese período.

Para los inversores, estas previsiones indican una demanda estructural: no solo se trata del éxito de una aplicación concreta, sino de que cada vez más actividades económicas requieren capacidad digital.

Los datos de ocupación respaldan esta tesis, aunque con variaciones según mercado. CBRE observó que la tasa de vacancia ponderada en los principales mercados mundiales cayó al 6,6 % en el primer trimestre de 2025, mientras en zonas como el norte de Virginia fue inferior al 1 %. Para 2026, la consultora registraba mínimos en varios mercados, pese al fuerte crecimiento del inventario.

Una visión más allá del edificio: plataformas en lugar de simples inmuebles

Un centro de datos aislado puede generar ingresos, pero una plataforma operativa ofrece muchas más oportunidades.

Los grandes fondos valoran especialmente empresas con presencia en múltiples mercados, equipos de gestión, acuerdos eléctricos, terrenos para expansión y relaciones con clientes empresariales o hiperescalares. Tras la inversión inicial, el capital puede desplegarse en nuevas fases sin tener que empezar desde cero cada vez.

La escalabilidad permite:

  • Establecer diseños y compras estándar;
  • Mejorar negociaciones con proveedores;
  • Repartir costes corporativos;
  • Entrar en nuevas regiones;
  • Fusionar clientes y vencimientos contractuales;
  • Financiar adquisiciones adicionales;
  • Desarrollar capacidad conforme se firman nuevos compromisos comerciales.

Este enfoque explica operaciones como la compra de AirTrunk por un consorcio liderado por Blackstone, valorada en más de 24.000 millones de dólares australianos, o los programas de infraestructura de IA de Brookfield.

Blackstone, por ejemplo, comprometió más de 25.000 millones de dólares para infraestructura digital y energética en Pensilvania, planeando movilizar otros 60.000 millones. Brookfield lanzó en 2025 un programa para adquirir hasta 100.000 millones de dólares en activos de infraestructura para IA.

Estas cifras no solo cubren salas llenas de servidores, sino también tierra, subestaciones, generación eléctrica, almacenamiento energético, redes y contratos de suministro. La línea entre invertir en centros de datos y energía se difumina cada vez más.

Ingresos contratados y grandes clientes: una fuente de estabilidad

Los inversores institucionales valoran flujos de caja previsibles, y los centros de datos pueden ofrecer esto mediante contratos plurianuales, compromisos de capacidad y elevados costes de traslado.

Mover cargas críticas no es sencillo como abandonar una oficina: puede involucrar migraciones de aplicaciones, redes, seguridad, almacenamiento y procedimientos operativos, lo que fomenta relaciones a largo plazo entre operador y cliente.

Grandes clientes con reservas anticipadas también facilitan financiamientos con mayor previsibilidad. Por ejemplo, Digital Realty comunicó en el primer trimestre de 2026 reservas que suman 707 millones de dólares en renta anualizada, incluyendo su contrato hiperescalar más grande hasta la fecha.

Pero la estabilidad no está garantizada: los contratos varían en duración, garantías, consumo mínimo, indexación y responsabilidades energéticas. Además, una alta concentración en unos pocos hiperescalares puede aumentar el riesgo.

Un cliente de gran tamaño aporta volumen, pero también capacidad de negociación. Si retrasa despliegues, cambia su arquitectura o decide construir infraestructura propia, el impacto para el operador puede ser importante.

Diversificación geográfica para gestionar riesgos

Los fondos no solo buscan ampliar sus carteras en términos de megavatios, sino también distribuir riesgos a nivel geográfico.

Una cartera con activos en EE.UU., Europa, Asia-Pacífico y América Latina proporciona exposición a mercados con ciclos diferentes, regulaciones distintas y disponibilidad eléctrica dispar. Además, permite combinar instalaciones maduras con desarrollos en fase de construcción.

CBRE reveló en su encuesta global de 2025 que el 95 % de los participantes planeaba incrementar inversiones en centros de datos, y que el 41 % tenía previsto asignar al menos 500 millones de dólares, frente al 30 % del año anterior. La opción preferida era el segmento hiperescalar llave en mano.

En la encuesta de EE.UU. de 2026, más de la mitad de los inversores esperaba aumentar su asignación, y el 55 % proyectaba incrementar su actividad de compra en más de un 10 %. La disponibilidad de energía seguía siendo el principal obstáculo para muchos.

La expansión hacia mercados secundarios responde en parte a estas limitaciones. Cuando una ciudad consolidada no puede suministrar potencia a tiempo, el capital busca ubicaciones con suelo, red eléctrica y permisos disponibles, aunque estén alejadas de los núcleos tradicionales.

Estructuras financieras cada vez más complejas

La demanda de financiamiento a gran escala está diversificando las herramientas utilizadas: junto a préstamos bancarios tradicionales aparecen bonos, titulizaciones respaldadas por activos, financiación de proyectos, deuda privada y fondos especializados. JLL prevé que en 2026 la captación de capital para fondos core de centros de datos pueda superar los 50.000 millones de dólares, con emisiones de titulizaciones ABS y CMBS vinculadas también en aumento.

Las joint ventures permiten distribuir funciones: un socio puede financiar y poseer el inmueble, otro aportar energía y un tercero operar la infraestructura. Este reparto reduce la exposición individual, aunque aumenta la complejidad contractual y de gobernanza.

Las recapitalizaciones también ganan terreno: un fondo adquiere parte de una plataforma, y el vendedor utiliza esos recursos para iniciar la siguiente fase, reciclando así capital sin perder control operativo necesariamente.

El valor principal puede residir en la energía, no en el edificio

La disponibilidad eléctrica es uno de los factores más determinantes del valor de un proyecto.

Un terreno amplio y bien comunicado puede ser poco útil si la red no puede suministrar cientos de megavatios en un plazo razonable. Por otra parte, una ubicación secundaria con acceso garantizado a potencia puede atraer contratos y capital rápidamente.

Esta situación está acercando a inversores de centros de datos y empresas energéticas. Por ejemplo, Brookfield y NextEra anunciaron en julio de 2026 un proyecto de hasta 100.000 millones de dólares en Kentucky que combinaría un gran campus con generación y almacenamiento. El plan, con capacidad superior al gigavatio, demuestra que las inversiones digitales y energéticas empiezan a planificarse conjuntamente.

Este enfoque también conlleva riesgos: conexiones que puedan retrasarse, costes energéticos variables o resistencia social que frene proyectos. La gestión del consumo de agua, el ruido, las emisiones y el impacto en las tarifas locales son cada vez más relevantes en la política.

Por ello, una cartera no puede valorarse solo por los megavatios anunciados; hay que distinguir entre capacidad operativa, en construcción, contratada, autorizada o solo proyectada.

Riesgos inherentes a una inversión que no deben ocultarse

El entusiasmo del capital no elimina las incertidumbres.

Los costes de financiamiento siguen siendo relevantes, especialmente en proyectos que tardan años en completarse. La rápida evolución del hardware puede dejar obsoletos diseños no preparados para mayores densidades o refrigeración líquida, mientras que las limitaciones en transformadores, turbinas, generadores y equipos eléctricos alargan los plazos.

Existe también el riesgo de sobreinversión si la demanda de IA crece menos de lo previsto o si la eficiencia de los modelos aumenta sustancialmente, lo que podría retrasar la ocupación de nuevos proyectos.

Las valoraciones altas hacen necesario ser selectivos. CBRE Investment Management reconoce que, pese a la abundancia de capital y al crecimiento esperado, persisten dudas sobre los precios de los activos y la credibilidad de algunos planes de capacidad.

La calidad del operador resulta tan importante como el activo mismo. Ejecutar en tiempo, contratar energía, controlar costes y mantener la disponibilidad son capacidades que no se adquieren solo con inversión económica.

Razones por las que seguirá entrando capital

El capital mundial continúa expandiendo sus carteras porque los centros de datos combinan varias características clave: demanda estructural, necesidad de inversiones considerables, contratos a largo plazo y potencial de crecimiento por fases.

Asimismo, se ajustan a los horizontes de fondos de pensiones, aseguradoras y fondos soberanos, que pueden mantener activos durante décadas y financiar ampliaciones progresivas.

La inversión ya no se limita a comprar edificios ocupados y cobrar rentas; ahora se trata de construir plataformas capaces de asegurar energía, obtener permisos, gestionar infraestructura crítica y acompañar a clientes que necesitan capacidad en diferentes regiones.

Por ello, la competencia está desplazándose desde la adquisición de activos terminados hacia el control de las condiciones que permiten su desarrollo. El suelo, la fibra óptica y la potencia disponible son fundamentales. Pero el valor real reside en contar con contratos sólidos y capacidad para seguir ampliando sin comprometer la operación.

Preguntas frecuentes

¿Por qué los fondos de pensiones invierten en centros de datos?

Porque buscan activos a largo plazo con flujos de caja relativamente previsibles. Los contratos plurianuales y la creciente demanda de infraestructura digital se ajustan bien a sus horizontes de inversión.

¿Cuánto capital necesitará el sector hasta 2030?

JLL estima que agregar unos 100 GW de capacidad mundial requerirá alrededor de 3 billones de dólares, incluyendo aproximadamente 870.000 millones en nueva financiación mediante deuda.

¿La inteligencia artificial es la única causa del crecimiento?

No, aunque acelera la demanda, también influyen el cloud, la digitalización empresarial, el vídeo, el comercio electrónico, la ciberseguridad y el aumento general del tráfico de datos.

¿Cuál es el principal riesgo para los nuevos proyectos?

La disponibilidad de energía es uno de los mayores obstáculos, junto a los permisos, los costes de construcción, la financiación, la concentración de clientes y la posible diferencia entre la capacidad anunciada y la demanda real.

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